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CULTURA GRIEGA

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Grecia: legado que perdura

  • La civilización griega es una de las más importantes en la historia de la humanidad. Si bien no lograron crear un país unificado, ya sea por su situación geográfica o por su sentido de la independencia, desarrollaron una cultura extraordinaria, dejándonos un legado perdurable que percibimos a diario en el mundo que nos rodea. De hecho, nuestras ideas sobre política, medicina, historia y arte son en gran parte herencia de los antiguos griegos.

Los efectos de la geografía

La Grecia antigua comenzó su existencia en la parte sur de la Península de los Balcanes (Europa). En general era un territorio montañoso, bastante pobre y de una aridez impresionante, aunque entre los cerros existían valles, lugares que los habitantes escogían para instalarse. Esto, más las accidentadas costas de las que estaba provisto, hicieron de los griegos buenos navegantes.

La vida de estas comunidades debió ser muy difícil, pero no se dejaron vencer por las desventajas de esta loca geografía y se dedicaron al comercio, a la guerra y en gran parte a la navegación. Gracias a esta última aprendieron muchas cosas de los navegantes con que mantenían contactos, pasando a ser un puente entre Oriente y Occidente. En definitiva, Grecia es la cuna de todas las civilizaciones occidentales posteriores.

Para poder comprender mejor la historia de este pueblo, tenemos que mencionar varias regiones geográficas de la Península de los Balcanes, donde se asentaron ciudades que en el pasado vieron el auge de la civilización griega.

Una de ellas es Grecia del Norte, donde se encuentran las regiones de Epiro y Tesalia; Grecia Central, donde están ubicadas Beocia y su capital Tebas, y Ática con la ciudad de Atenas; el Peloponeso, una península de la zona sur que tenía como región principal Laconia y su capital Esparta.

Pioneros de la civilización

Los primeros habitantes de la cuenca del Mar Egeo fueron pueblos que venían del Asia Menor y que se asentaron en la isla de Creta en el año 3.000 a.C. Este lugar estuvo habitado por pequeñas comunidades denominadas pelasgos, pero no es mucho lo que se conoce de ellos hasta hoy. Sin embargo, se cree que estos eran más avanzados que el resto de los pueblos primitivos que vivían en el continente y se les llamó civilización cretense o minoica, palabra que se rescató de Minos, el rey mitológico que tuvo la isla de Creta.

Entre los siglos XIV y XIII a.C. Grecia sufrió la invasión de los aqueos, un pueblo proveniente de la Europa Central que prácticamente arrasó con la civilización minoica. Si bien destruyeron todo lo que encontraron a su paso, tiempo después se dieron cuenta de que los pelasgos eran un pueblo bastante avanzado y adoptaron su civilización superior, fundando aldeas y ciudades, siendo Micenas la ciudad más importante.

Es precisamente aquí donde surge la civilización micénica, que debió su riqueza a la ubicación en la montaña, ya que dominaba el camino más corto entre el golfo de Argólide y el de Corinto, el que muchos comerciantes usaban, pagando a los micénicos derechos de pasaje.

Los aqueos se caracterizaron por ser buenos guerreros y muy buenos navegantes. Además, desarrollaron la agricultura y el pastoreo, al igual que la artesanía.

La sociedad micénica tenía su base en la familia patriarcal, integradas por personas de una misma descendencia y gobernada por el varón de mayor edad. La gran mayoría de las mujeres de esta sociedad eran de otras estirpes, como con frecuencia sucede en los pueblos invasores, lo que determinó el aspecto sincrético de su cultura.

La Edad Micénica duró aproximadamente 300 años (1.400 a 1.100 a.C.). Según muchos poetas, tuvieron reyes poderosos, lo que convirtió a esta época en un período heroico en el que grandes hombres realizaron numerosas hazañas.

Hacia el siglo XI a.C. Grecia fue nuevamente invadida. Esta vez fueron los dorios, una tribu que provenía de las regiones de Macedonia, Tracia y Epiro, y que conquistó prácticamente toda la península. Sin embargo, se establecieron en la Dóride, Argólida y Laconia. Otros invasores fueron los jonios, que habitaron Atenas, y los eolios, en la ciudad de Tebas.

Con la invasión doria finaliza el mundo micénico, y Grecia entra en una fase de decadencia que se prolonga hasta el año 776 a.C., período que recibió el nombre de Medievo helénico. Es aquí donde estos tres pueblos invasores se unen, recibiendo el nombre de pueblo helénico.

 

 

 

¿Sabías que?

Las palabras "Grecia" y "griegos" no son griegas. La historia cuenta que un grupo de helenos emigró a Italia después del Período Micénico. Ellos se denominaban a sí mismos "graikoi", que pasó la latín como "graeci". Fue desde ese momento que los romanos aplicaron este nombre a todos los helenos, palabra que se tradujo al castellano como "griegos".

 

El centro político

Durante mucho tiempo la vida en Grecia estuvo dominada por los clanes, agrupaciones de familias poderosas con un antepasado mítico. Pero muy pronto los griegos comienzan a organizarse en polis o ciudades-estado, que eran unidades políticas soberanas. Si bien cada comunidad era vecina, eran totalmente independientes y gobernadas por un rey asesorado por un consejo de nobles. Esta idea surgió luego de la destrucción de los reinos micénicos por invasiones extranjeras, por lo que se crearon estas ciudades-estado. Estas constaban de un centro fortificado, una ciudad residencial y comercial a los pies de este, y un territorio rural que rodeaba a la ciudad y que servía para la ganadería y la agricultura, donde ocasionalmente se levantaban pequeñas aldeas.

Dentro de cada polis se diferenciaban diversos grupos. Por un lado estaban el rey y los nobles, que controlaban la tierra y el ganado y formaban parte del Consejo. Por otro, el pueblo, compuesto por campesinos y artesanos, que era representado en la asamblea encargada de ratificar las decisiones del Consejo. y finalmente los siervos y esclavos, que no formaban parte de la vida política.

Sin embargo, a pesar de esta prolija organización, solo Atenas y Esparta lograron expandirse y dominar amplias regiones, llegando a ser las grandes potencias del mundo griego. Lo relativo a la estructura de estas ciudades y su sistema de gobierno se denominó política, palabra que utilizamos en la actualidad y que proviene del término polis, que significa "ciudadý.

Los integrantes de cada polis se reunían frecuentemente a discutir ciertos temas relacionados con la libertad, muy importante para ellos, y a tomar decisiones sobre la administración de la ciudad o cambiar al gobernante si no cumplía con sus obligaciones. El magistrado al que se confiaba el gobierno recibía el nombre de arkhos, que deriva de la palabra "gobernar". De ella deriva la palabra castellana arconte.

Grecia se expande

La población griega fue multiplicándose con el tiempo, y la escasez de tierras fértiles no proporcionaba la cantidad de alimentos necesarios para vivir. Los gobernantes comenzaron a enviar grupos colonizadores a territorios de todo el Mediterráneo, donde fundaron ciudades y difundieron su cultura. Comenzaron ocupando las costas del Asia Menor, dando origen a la cultura jónica, de la cual surgen varios sabios y filósofos, como Pitágoras, Tales de Mileto, Heráclito y Demócrito; poetas como Hesíodo y Anacreonte, y el historiador Heródoto.

Pero esta expansión no llegó hasta aquí. El pueblo griego continuó su camino hacia otras latitudes, fundando ciudades desde España hasta Rusia. Los motivos que tuvieron para llevar a cabo la colonización fueron más que nada económicos, sociales y políticos. Sin embargo, esto tuvo consecuencias, ya que las ciudades griegas pasaron de una vida dedicada a la agricultura de subsistencia a un auge comercial, con gran cantidad de importaciones de puntos como Sicilia o el Mar Egeo. Iniciaron la fabricación de cosas para exportar, lo que los llevó a enriquecerse rápidamente, pero también a endeudarse y convertirse en esclavos. Es en esta época cuando aparecen los tiranos, que a diferencia de lo que hoy pensamos de ellos, eran personas comunes, incluso muy buenas, pero que no heredaban el poder sino que lo ejercían sin derecho sobre alguna ciudad. Además, por lo general trataban de beneficiar los intereses del pueblo, favorecer a los pequeños propietarios, artesanos y comerciantes. A pesar de su inestabilidad, las tiranías lograron superar a las aristocracias, favoreciendo el crecimiento de un poder público y dando paso a la democracia, que se instauró por primera vez en Atenas a comienzos del siglo VI.

 

Los dioses del Olimpo

La mitología le atribuyó a los dioses griegos sentimientos y pasiones propios de los hombres. Muchas veces se enojaban, sentían celos y luchaban entre ellos.

Pero no todos eran iguales. Existía una jerarquía, siendo los principales los dioses del Monte Olimpo. El más poderoso era Zeus, amo de todas las otras divinidades y de los mortales. Bajo él estaban los demás. Entre paréntesis pondremos el nombre que correspondería a cada uno de ellos en Roma, ya que más tarde pasaron a ser parte de la mitología romana.

Zeus (Júpiter)
Atenea (Minerva): diosa de la sabiduría y de la guerra.
Poseidón (Neptuno): dios del mar.
Hades (Plutón): dios de los infiernos.
Ares (Marte): dios de la guerra.
Hermes (Mercurio): mensajero.
Apolo (Febo): dios de la belleza
Hera (Juno): diosa de las madres, esposa de Zeus.
Afrodita (Venus): diosa del amor.
Artemisa (Diana): diosa de la caza.
Dionisos (Baco): dios del vino.

 

Atenas: época de cambios

Esta ciudad logró sobrevivir a la invasión dórica y lentamente fue construyendo lo que la antigüedad conocería como Atenas. Como otras ciudades de la antigua Grecia, cambió la monarquía por una oligarquía, compuesta en este caso por nobles (eupátridas o bien nacidos), que anualmente elegían a magistrados llamados arcontes. Sin embargo, esto no duró mucho tiempo, pues su gobierno fue brutal; en Atenas floreció la actividad comercial, lo que llevó a los ciudadanos a protestar en contra de la política que se estaba utilizando, y a exigir leyes escritas que regularan la vida en sociedad. El primero que se estableció fue el código de leyes atribuido a un legislador semilegendario llamado Dracón, caracterizado por ser muy estricto con el pueblo y muy liviano con los oligarcas. La pena de muerte se aplicaba a delitos casi sin importancia o muy pequeños, como robarse un repollo. De ahí surge el término draconiano para describir a una persona o legislación cruel e inhumana. Sin embargo, al ser un código escrito, podía sufrir modificaciones, lo que hizo Solón aboliendo la esclavitud por deudas, creando tribunales integrados por ciudadanos comunes y no con nobles, y estimulando la inmigración de artesanos calificados.

Esta reforma no fue bien recibida por toda la aristocracia ateniense. Los nobles, encabezados por Pisístrato, respondieron a esta situación tomando el poder por la fuerza, convirtiéndose este en tirano en el año 561 a.C. Pero debemos decir que de tirano no tenía mucho, ya que no fue capaz de deshacer las reformas de Solón e incluso fue bastante blando en sus normas para con el pueblo. Luego de ser sucedido en el poder por sus dos hijos, llegó a la cabeza un noble llamado Clístenes, de orientación democrática, que incorporó a las clases más pobres al poder.

Pero lo que Grecia no se imaginaba era que en poco tiempo enfrentarían una guerra con los persas.

 

 

http://www.geocities.com/CapeCanaveral/Campus/2852/

http://fyl.unizar.es/HAnt/Grecia/Greindex.html

http://roble.pntic.mec.es/~lorbanej/

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http://www.moais3.8k.com/antepasados/griegos/grecia_historia.html

http://encarta.msn.es/

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Acrópilis
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Fuente : Encarta on line

Los Juegos Olímpicos

Si la religión no consiguió unificar a Grecia, los deportes lo lograron periódicamente. Las gentes iban a Olimpia, Delfos, Corintio y Nemea no tanto para honrar a los dioses, pues estos podían ser venerados en cualquier parte, cuanto para asistir a las bravas pugnas de atletas elegidos y a la congregación ecuménica de griegos de todas las regiones de la Hélade. Alejandro, que podía contemplar a Grecia desde fuera, consideraba a Olimpia como la capital del mundo griego.

Bajo el aspecto del deporte aparecía la religión verdadera de los griegos: el culto a la salud, la belleza y el vigor. "Estar sano -decía Simónides- es lo mejor que el hombre puede poseer". Apenas había una ciudad que no organizara juegos en honor de los dioses, pero la atención de toda Grecia estaba centrada sobre los cuatro grandes festivales panhelénicos: los Juegos Olímpicos de Olimpia, en honor de Zeus, y los Juegos Píticos de Delfos, en honor de Apolo. La leyenda decía que Apolo había matado en Delfos a la serpiente Pitón. De ahí el nombre de Apolo Pítico. Ambos se celebraban cada cuatro años. En Nemea, localidad de Argélida, se efectuaban los Juegos Nemeicos, en recuerdo de la hazaña realizada allí por Heracles al dar muerte al león de Nemea, y en el Istmo de Corinto se celebraban los Juegos Istmicos, en honor de Poseidón. Estos juegos tenían lugar cada dos años. Atraían atletas -de azlos-, pugna de todas partes de la Hélade , e incluso de partes tan apartadas como Marsella. Competían como individuos, no como equipos- aunque sus respectivas ciudades se vanagloriaban de sus triunfos-. Las guerras se dejaban de lado por los juegos; Esparta fue multada por violar la tregua durante la guerra del Peloponeso.

Los juegos panhelénicos más importantes eran los olímpicos, que se celebraban en Olimpia, donde están las ruinas mudas de la palestra o zona de entrenamiento. Las pruebas duraban siete días, y comprendían los siguientes ejercicios: la carrera simple o doble, a lo largo del Estadio, de 185 metros de longitud, la carrera con armas, la lucha, el pugilato, el lanzamiento de la jabalina, el lanzamiento del disco, el pentatlón, o cinco combates, y las carreras de carros, que era el espectáculo que provocaba mayor entusiasmo entre los concurrentes. Pocos de los competidores que tomaban la salida terminaban el recorrido. Incluso alguno de ellos perdía la vida.

A los vencedores se les recompensaba con unas coronas de olivos, único premio oficial. Pero al retorno de Olimpia toda clase de honores esperaban en su ciudad natal al atleta victorioso. Se colocaba su estatua en sitio de preferencia y en sitios públicos se cantaban poemas para inmortalizar sus hazañas.

El entrenamiento era un trabajo duro. No es casualidad que la palabra griega con que se expresa juegos públicos corresponde al vocablo "agonía". Se cuenta de Milo de Crotona que había desarrollado sus músculos llevando al hombro, día tras día, un ternero hasta que se hizo toro adulto.

La era de las Olimpiadas

La primera gran fiesta panhelénica celebrada en el templo de Olimpia data del año 776 AC y desde entonces los juegos en honor de Zeus se efectuaron ininterrumpidamente cada cuatro años. Los griegos atribuían tanta importancia a las fiestas olímpicas que sirvieron de base al sistema de contar el tiempo, y la fecha de la primera gran fiesta olímpica -776 AC- fue tomada como punto de partida de su cronología. Desde entonces se empezó a contar el tiempo por Olimpiadas o periodos de cuatro años. Así, por ejemplo, para indicar la fecha de un suceso se decía: en el año primero, segundo, tercero o cuarto de tal Olimpiada.

La religión griega

Según la creencia griega, al principio había un gran vacío denominado Caos. De Caos, a la larga, surgieron los dioses Mayores o Titanes, acaudillados por Cronos -el Tiempo-. De la unión de Cronos con la diosa Rhea nacieron muchos hijos, a los que este devoraba a penas surgían a la vida, para evitar que se rebelaran contra su poder. Pero Rhea consiguió engañar a Cronos y salvar de su voracidad a varios de sus hijos, que fueron Zeus, Poseidón, Hades, Deméter y Hera. Zeus luchó contra su padre, lo encadenó y heredó su poder. Con la ayuda de sus hermanos derrotó a los Titanes y los fulminó con el rayo divino. Desde entonces Zeus fue el dominador indiscutido del Universo, dio al mundo la armonía y la paz.

La religión griega era politeísta porque rindió culto a numerosos dioses, y era antropomórfica -del griego antropos: hombre, y morfos: forma- porque las divinidades eran concebidas y representadas con forma humana. No solamente los humanizaban a su apariencia física, sino que también les atribuían las cualidades, las pasiones, las virtudes y aún los defectos de los hombres. Pero eran inmortales y eternamente jóvenes, alimentándose de néctar y ambrosia. Su residencia era el monte Olimpo donde Zeus, el más poderoso de los dioses reinaba sobre los demás. Las creencias sobre el origen del mundo aparecen minuciosamente explicadas en un poema llamado Teogonía u origen de los dioses, cuya redacción se atribuye al griego Hesíodo, que vivió en el siglo VII AC.

La familia olímpica

Zeus (Júpiter): Es el dios supremo, soberano de los dioses, de los hombres y del mundo. Personifica al cielo y la luz, y es el señor de la vida y de la muerte.

Palas Atenea (Minerva): Virgen patrona de las artes del hogar, diosa de la sabiduría. Nació completamente desarrollada de la frente de Zeus.

Artemisa (Diana): Diosa virgen de la luna, hermana gemela de Apolo, maravillosa cazadora, guardiana de las ciudades, de los animales y de las mujeres.

Hera (Juno): Protectora del matrimonio, de las mujeres casadas, de los niños y del hogar. Era la hermana y la esposa de Zeus.

Afrodita (Venus): Diosa del amor y de la belleza.

Demeter (Ceres): Diosa de las cosechas, dadora de los granos y de los frutos.

Hermes (Mercurio): Hijo de Zeus. Es el dios de los comerciantes y de los ladrones, de la habilidad y de la astucia.

Poseidón (Neptuno): Hermano de Zeus, dios del mar y de los terremotos.

Dionisios (Baco): Dios del vino y de la fertilidad, de la vida natural y de la hospitalidad.

Ares (Marte): Dios de la guerra, simbolizado adecuadamente por un buitre.

Hefesto (Vulcano): Dios del fuego y de los artesanos. Fue expulsado del Olimpo por su propia madre, Hera, disgustada por su cojera.

Apolo (Febo): Dios del sol y patrón de la verdad, de la arquería, música, medicina y profecía, era el más majestuosos de los olímpicos.

Héroes, oráculos y misterios

Los héroes de la mitología griega- del griego mythos: fábulas-, a diferencia de los dioses, eran mortales, pero de una casta muy especial y algunos de ellos pretendían ser descendientes de los dioses. Sus hazañas eran objeto de descripción en leyendas, y estaban representadas en obras de arte que expresaban los puntos de vista griegos sobre la vida y la conducta humana.

Las leyendas más famosas fueron las de Lo, Deucalión y Pirra, Heracles o Hércules, que recibió la orden de completar 12 trabajos como expiación de un crimen cometido por su padre. Edipo, cuya suerte desgraciada es la de un hombre que no puede escapar a su destino. Perseo, Jasán y el Vellonicio de oro, Cadmo y su hermana Europa, que diera nombre al continente europeo; Teseo, pariente de Heracles y matador del Minotauro de Creta; Atalanta, mujer bella y valiente (ofreció casarse con el que la venciera a una carrera a pie, pero mataría a los que perdieran). Belerofonte, que recibió la orden de matar a la Quimera; los Atridas, familia de héroes del Peloponeso y protagonistas de las más famosas de las leyendas. Los héroes de Troya, cantados por Homero en sus inmortales poemas La Iliada y la Odisea.

Los templos eran las casas de los dioses y no lugares de oración. Los actos de culto consistían en oraciones, himnos cantados con acompañamiento de instrumentos musicales, ofrendas de objetos o alimentos, y sobre todo, sacrificios de animales. Estos sacrificios eran de diversas clases, el más común y corriente consistía en la inmolación sobre el altar de un cabrito o un cordero. Se llamaba holocausto a la forma especial de sacrificio en que se dejaba consumir enteramente la víctima por el fuego sagrado. La hecatombe era el sacrificio de mayor ostentación, que sólo las ciudades o los grandes propietarios podían ofrecer, pues en él se inmolaban 100 bueyes a la vez. De ahí el sentido actual y corriente de la palabra hecatombe, cuyos sinónimos, entre otros son carnicería y matanza.

En la Hélade hubo templos que se convirtieron en los grandes santuarios de todo el mundo griego. Tal fue el templo de Zeus en Olimpia. También el santuario de Apolo en delfos, situado en Focidia, al pie del Pamaso. Apolo, a quien los griegos atribuían dones proféticos, solía revelar la voluntad divina por medio de "oráculos". Así lo creían los helenos, que acudían desde las ciudades más lejanas a consultar ansiosos al oráculo.

Además de los innumerables dioses y héroes, a quienes los griegos rendían un culto público, cada familia tenía su propia religión particular. El eje de esta religión doméstica era el culto de los antepasados, basado en la concepción que los griegos se hacían de la muerte. Creían que los muertos continuaban viviendo en el sepulcro, y que conservaban las mismas necesidades que en vida. Los griegos de la época de Homero no tuvieron sobre la vida de ultratumba más nociones que las consagradas por la religión doméstica. Pero, gradualmente, elaboraron ideas más acabadas y de mayor contenido moral respecto al destino de las almas. Ya no creyeron suficientes los ritos funerarios para alcanzar la felicidad en la otra vida, sino que concibieron a ésta como el premio discernido por los dioses a los que fueron de conducta buena y justa. Pensaron entonces que después de la muerte de las almas atravesaron los ríos infernales- el Aqueronte, por ejemplo-conducidas por la barca de Caronte y comparecían ante tres jueces. El virtuoso era admitido a gozar de la felicidad de los justos en los Campos Elíseos-región deliciosa en que la naturaleza se hallaba permanentemente en torno a su esplendor- . El malvado era condenado, inexorablemente a los suplicios del Tártaro- del griego tartaros, que significa infierno, lugar de tormento. El mundo subterráneo estaba cuestionado por el monstruoso Cancerbero, un perro de tres cabezas.

El culto de algunos dioses estaba vinculado con ceremonias secretas a las que sólo podían asistir los fieles iniciados en ellas. Su revelación se castigaba con penas que llegaban hasta la muerte. El más importante de esos cultos misteriosos era el realizado por la localidad de Eleusis, próxima a Atenas, en un santuario levantado en honor de la diosa Deméter.

El mito de Deméter simboliza la alternativa de la vegetación, y la alternancia periódica de muerte y resurrección de los frutos de la tierra debía sugerir la noción de una resurrección semejante del alma humana que no se aniquilaba con la muerte. Esta era, precisamente la creencia esencial que animaba los misterios de Eleusis.

Otro mito importante, por el desarrollo que dio a la noción de la vida de ultratumba, era el celebrado en honor del héroe Orfeo. El orfismo se difundió rápidamente en el mundo helénico a partir del siglo VI AC. y se mezclaba con la figura divina de Dionisios, devorado por los Titanes, hijos de la Tierra y del Cielo y antepasados del g?nero humano. Para el orfismo, en los hombres coexisten dos elementos: uno grosero y material, el cuerpo, heredado de los Titanes; otro divino y espiritual, el alma, prisionera en la miserable y grosera envoltura carnal sometiéndose a prácticas ascéticas y ajustando su conducta a una moral severa. Así triunfaría en ellos el elemento divino y sería vencida la muerte por una definitiva resurrección.

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